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El techo de cristal por Silvia Buendia

Debe permitirse que una mujer violada embarazada, que no es discapacitada mental, aborte.


Escribo este texto con el desaliento anticipado de saber que respecto al Código Orgánico Integral Penal (COIP) hay muchos temas que me preocupan. Sin embargo, estoy aquí para hablar sobre la despenalización del aborto producto de una violación.


En el segundo debate sobre el COIP, en lo que concierne a este tema, fue evidente que los y las asambleístas de PAIS estaban en dos bandos contrarios. Unos por despenalizar el aborto producto de una violación porque lo consideran un castigo que revictimiza a la mujer violada. Otros por mantenerlo a toda costa.


Si el COIP tiene como finalidad renovar y actualizar todo el sistema jurídico penal acorde a la Constitución y a la realidad del país, pues, vaya baño de realidad que le dieron a la Asamblea Sarahi Maldonado (Asamblea de Mujeres Populares y Diversas del Ecuador) y Virginia Gómez de la Torre (Frente Ecuatoriano por la Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos) cuando le contaron algunas cosas que son parte de nuestra realidad:


Cada día 14 mujeres presentan ante las autoridades una denuncia por haber sido víctimas de una violación. Y eso es solo la punta del iceberg, ya que según datos publicados por el INEC en 2012 1 de cada 4 mujeres ha sufrido violencia sexual en el Ecuador.


En el país hay 3´804.976 mujeres en edad fértil (INEC 2012) si 1 de cada 4 mujeres ha sufrido violencia sexual quiere decir que 951.244 ha pasado por esta experiencia. Se estima que entre el 16 al 30% de las mujeres pueden quedar embarazadas luego de una violación. (Estudio realizado por el Congreso Americano de Obstetras y Ginecólogos CAOG en 2012)


En el país, 3.684 niñas entre 12 y 14 años fueron víctimas de violencia sexual en el año 2010 (INEC 2012), eso representa 10 violaciones diarias.


El embarazo de niñas entre 10 y 14 años aumentó en los últimos 10 años en un 78% (INEC 2012)


Quienes abogaron por despenalizar el aborto por violación desde la bancada de PAIS señalaron estos hechos. Pero además, reconocieron que la sociedad ecuatoriana mantiene una deuda histórica con la mujer y que es necesario modernizar un concepto penal que data de una época en la cual no teníamos los derechos que ahora tenemos. Una época en la que el bien jurídico a protegerse en un aborto no era tanto la vida del nonato, como el buen nombre de la familia (léase padre de la mujer) o del marido (léase marido engañado). Recordemos que existe como atenuante en el art. 444 del todavía (hasta hoy) actual Código Penal el hecho de que la mujer aborte para ocultar su deshonra. Una época en la cual se consideraba que solo las mujeres con discapacidad mental merecían un aborto legal si las violaban, y merecían además ser llamadas dementes o idiotas.


¿Qué se argumentó desde el otro lado? La más recurrida objeción para despenalizar el aborto por violación fue que el art 45 de la Constitución es muy claro al defender la vida desde la concepción.


¿Será?


Veamos qué dice el art. 45: “Las niñas, los niños y adolescentes gozarán de los derechos comunes del ser humano, además de los específicos de su edad. El Estado reconocerá y garantizará la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción”. Es decir, estamos hablando de los niños, niñas y adolescentes, del reconocimiento y garantía sobre sus vidas.


¿Qué es lo que no dice el art 45? No dice que se reconocerá y garantizará la vida desde la concepción siempre, sin excepciones, en todos los casos, en todo momento, sí o sí, no importan las circunstancias. ¿Entonces? ¿Caben excepciones? Sí, sí caben y están contenidas en el art 447 del actual Código Penal, y han pasado casi idénticas al art. 149 del COIP.


¿Por qué? Porque así como hay un art. 45, existe un art. 43,3 de la misma Constitución que dice que el Estado garantizará a las mujeres embarazadas la protección prioritaria y cuidado de su salud integral y de su vida durante el embarazo.


Entonces, el art 45 no es absoluto. El art. 43,3 permite que existan excepciones al aborto punible en nuestra legislación penal en caso de que la vida o la salud de una mujer embarazada estuvieran en riesgo, y también en caso de una mujer discapacitada mental embarazada por una violación.


Dio gusto seguir este debate en la Asamblea y, de alguna manera, ser parte del mismo en las redes sociales donde tuvimos oportunidad de debatir incluso con asambleístas. Porque el debate es saludable y enriquece. Porque la opinión pública se va formando un criterio al escuchar, leer y valorar los argumentos de lado y lado. Esto educa a la sociedad. Solo así se entiende que según CEDATOS hoy un 64% de la población del Ecuador apoya la despenalización del aborto por violación.


Lo malo fue que durante este debate intenso, cargado de adrenalina, al Paola Pabón mocionar que se exceptúe de la votación del libro primero el art. 149 para debatir y votar por separado la despenalización del aborto por violación, el Presidente dijera “si siguen estas traiciones, si mañana se evidencia algo muy lamentable que está ocurriendo en el bloque de PAIS, yo presentaré mi renuncia al cargo”.


¡Ay!


Siempre supimos que el Presidente estaba enconadamente opuesto a despenalizar el aborto más allá de lo que ya decía el actual Código Penal, pero él también siempre supo que entre sus asambleístas habían quienes defendían públicamente despenalizar el aborto por violación: Rosana Alvarado, Gina Godoy, María Augusta Calle, Virgilio Hernández, María Alejandra Vicuña, Soledad Vela, la lista sigue. Y esto no es traicionar, esto es simplemente disentir. Y por mucha disciplina partidista y por mucha unidad de bloque, sucede que hay cuestiones en las que las íntimas convicciones de los y las asambleístas necesariamente llevan al cuestionamiento.


El Presidente como colegislador tiene derecho al veto, pero los asambleístas, como legisladores, tienen el derecho y el deber de debatir sobre lo que legislan.


Paola Pabón, retiró su moción. Pocos de los asambleístas a favor de esta despenalización insistieron con el tema. No solo no se pagó la deuda histórica a las mujeres, si no que esta deuda se hizo aún más grande, más pesada y más vergonzosa.


El aborto clandestino es un problema de salud pública. Penalizar el aborto no salva la vida de fetos o embriones, solo mata, enferma y mutila a las mujeres. En especial a las más pobres, las más jóvenes, las niñas, las desplazadas, las vulnerables y vulneradas. Los abortos clandestinos o mal practicados son la primera causa de ocupación hospitalaria pública de las mujeres en el Ecuador. La ley que penaliza el aborto no desincentiva su práctica, 125.000 mujeres abortan al año en el Ecuador según datos de la OMS, una cada cuatro minutos. Mantener esta ley ineficiente e injusta solo agrava el problema.


Pero además, ¿por qué solo despenalizar el aborto de mujeres discapacitadas que han sido violadas? Ese tipo penal viene de una época en la que lo que se pretendía era librar a la sociedad de un niño potencialmente discapacitado mental. ¡Es un criterio eugenésico! Si nuestra legislación penal ya hizo posible que la mujer decidiera entre su vida/salud y su embarazo, ¿por qué no darle la oportunidad de decidir también cuando este embarazo es producto de un delito que atentó contra su integridad y su dignidad? ¿Cuál es la diferencia entre el embrión que gesta una mujer en peligro de muerte y el embrión que gesta una mujer violada? Una mujer violada en pleno uso de sus facultades mentales está en capacidad de decidir qué hacer con su embarazo. ¿Cómo así cuando es la sociedad quien quiere librarse de un posible discapacitado si puede hacer abortar a una mujer, pero cuando es la decisión soberana de la mujer la sociedad la penaliza? Eso se llama patriarcado y más concretamente instrumentalización de la mujer.


Debería permitirse que una mujer violada embarazada, que no es discapacitada mental, aborte ya que el concepto de salud de la Organización Mundial de la Salud OMS establece que salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad. La violación sexual es un trauma y si una mujer violada traumatizada no quiere parir, la continuación de ese embarazo afecta su salud integral. Pero más aún, si la mujer ha quedado embarazada por una violación, allí no medió su voluntad. ¿Dónde queda el art. 66, 10 de la Constitución que dice que las mujeres tenemos derecho a decidir cuándo y cuántos hijas e hijos tener? ¿Cuándo y cómo decidió una mujer violada quedar encinta? ¿Penalizar su decisión de interrumpir ese embarazo acaso no vulnera su libertad, su proyecto de vida, su dignidad y su salud integral?


Ahora, y ya que estamos hablando de violación, hablemos de la violación sexual doméstica y sistemática, en la que el padre, abuelo, hermano, primo violan constantemente y a diario a las niñas hasta que finalmente las embarazan. ¿Qué dice el COIP sobre estos casos? Casos que según las estadísticas han aumentado en forma escandalosa. La realidad de la violación en el Ecuador es la de la violación doméstica sistemática.


Y algo más, el que quiere penalizar, la conducta que sea, debe justificarlo. Este es un punto vital donde se mezcla “no me gusta” con “debe encarcelarse”. Lo primero no basta para lo segundo y hasta ahora ni un solo, ni una sola asambleísta ha justificado la imperiosa necesidad de encarcelar a las mujeres violadas que abortan.


El debate naufragó, pero es la primera vez que las y los asambleístas de PAIS dicen no, Presidente, con cariño, pero estás equivocado compañero, disentir no es traicionar. Y gracias a la declaración que hizo Rafael Correa sobre que pondría a disposición su cargo si se seguía debatiendo el asunto, esta noticia le dio la vuelta al mundo. Efecto Streisand, me parece que se llama este fenómeno. Cuando quieres ocultar una situación y el resultado es contraproducente.


Lo realmente valioso de esta confrontación –sobre todo, del contenido de la confrontación- es que sirvió para visualizar el peso específico de cada postura. Porque en un debate, se gana con argumentos. Y no cualquier cosa es un argumento.


Esta lucha no comenzó ahora, y no terminará aquí. Las mujeres estamos acostumbradas a perder, venimos perdiendo desde hace miles de años y recién hace poco más de un siglo pudimos meterle los primeros goles al arco del patriarcado. Tener asambleístas mujeres, Presidenta y Vicepresidentas de la Asamblea mujeres, no equivale a verdadera igualdad. Es difícil ver un techo de cristal, ¡porque es de cristal! A menos que situaciones como estas se den y salpiquen manchas en ese techo.


Pero como dije antes, las mujeres estamos acostumbradas a perder, por eso nadie nos gana en resistencia ante la adversidad y en fuerza para sostener batallas. Lo nuestro es la desobediencia y la rebeldía ante las injusticias. Por eso será nuestra la victoria. Siempre.


Silvita Buendia.

FUENTE: http://gkillcity.com/articulos/el-mirador-pol%C3%ADtico/el-techo-de-cristal

FOTOGRAFIA: CEDEAL (Quito, 7 de Octubre 2013)

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